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lunes, 20 de noviembre de 2006

Loser x 4

(Ya ha pasado harto tiempo desde que entregaron los resultados del concurso del Metro "Santiago en cien palabras", pero como en este blog intento poner todo lo que sale de mi cabecita (de) loca y este archivo con los tres cuentos con que competí fue rescatado de mi negrito -que definitivamente fue reemplazado por un compu un pichintún mejor pero igual de prehistórico-, aquí está la constatación de que soy el cuarto loser, obvio, porque no gané ni una mención honrosa siquiera)

Un segundo
Aunque ese día Loser amaneció con problemas estomacales, jamás se le pasó por la mente perderse el partido.
Era el último minuto y el empate a cero entre Yugoslavia y Chile no le permitía despegarse de su asiento, a pesar de las ganas urgentes. ¿Cómo perderse un segundo?
Las tripas que ya casi revientan, el pase que es mágico, la guata que estalla y el Estadio Nacional que salta en un ¡Gooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooool!
Fue su último grito. Demasiada emoción en un segundo para su esfínter.
Esperar que todos se vayan.
Caminar lento.
Sin celebrar.
Sin chorrear.
Y sin chistar.
Igual ganamos.

Un pinchazo
Aunque muy resfriado, toda esa semana Loser tuvo que tomar el metro.
Ya el miércoles notó que una hermosa mujer se subía siempre a esa hora en la estación Pedreros.
Le bastó acomodarse bien los lentes para establecer un buen cambio de luces.
El último día estaba decidido a hablarle y se le acercó entre el cardumen de sardinas.
Antes de saludarla, tomó aire y le sonrió.
Pero ella no paró de reírse.
A carcajadas.
De pronto escuchó un "pop" y los vidrios se le nublaron.
Un globito de su nariz los había empañado.
Jamás volvió a verla.

Sex-appeal
Ese día Loser amaneció triste. No era su pésima fortuna lo que lo tenía así.
Estaba bien que su auto se estropeara porque eso era lo habitual. Era otra cosa: baja autoestima.
El ladrido del chofer lo despertó:
-¡A la cola, a la cola!
Fue extraño sentir muchas miradas. De deseo. Hasta de hombres.
Más que enojarse sintió que el ánimo le subía.
Pero en la Alameda se dio cuenta que la micro iba llena de hombres. Y más atrás unos se besaban en la boca.
Era el día rosa.
Su ego bajó de la micro y él, también.

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viernes, 23 de diciembre de 2005

C8: Quenác

Capítulos Anteriores:
El vehículo, luego de escapar del asedio mediático, tomó la autopista y se dirigió a las afueras de Marreis. El ferry que cruza a la isla cárcel los estaba esperando para levantar el ancla. Tras dos horas de viaje por el Mar de las Quejas, la Alcaide y una comitiva de gendarmes los recibieron en el muelle de Quenác.
Polen descendió por la rampa acompañado de Chaparro, quien le explicaba infructuosamente cuáles eran las características del lugar en que lo dejarían.

-Este es un establecimiento muy cómodo, Polen. Doña Chiro es como una madre para todos los reclusos que se portan bien. Ten en cuenta que el abogado de Sandez García hizo grandes esfuerzos para lograr que te ubicaran aquí en una cárcel de artistas. Si no, habrías tenido que ir con delincuentes comunes y haber pedido la protección de “El Belmont”. Los nazis ahí son bravos.

Doña Chiro le dio un beso en la frente. Era una mujer pequeña de cabellos blancos y llevaba un delantal verde.

-Te presento a mis gendarmes jefas. A mi me gusta decirles “asistentas”.

“Soy Kami, mucho gusto”, le dijo una mujer muy alta y delgada de pelo oscuro y cuello largo. “Me llamo Oski, tanto gusto. El mameluco verde que llevas era muy bonito cuando estaba de moda en los ochenta”, se presentó la segunda que era bajita y muy observadora. “Me dicen Konni y disculpa que no me levante pero tuve apendicitis”, se disculpó una rubia con nariz canaria que estaba sentada en una silla de ruedas. La morena que la llevaba tenía una mirada triste y dijo “Koto, hola”. “Seby, si quieres pitos te consigo”, murmuró una morena de trasero llamativo que se subió a una moto y desapareció. La última en presentarse fue una mujer bajita y vestida de colores llamativos. “Soy Andy y gestiono actividades artísticas aquí”, señaló.

Doña Chiro lo llevó a su casa, le pasó ropa limpia y le pidió que se bañara para después acompañarla a tomar té con ella y Chaparro. Conversarían sobre su estancia en el lugar y tendría que elegir al recluso con que compartiría habitación.

viernes, 16 de diciembre de 2005

C7: Polen ilegal

Capítulos Anteriores:
C1: Polen
C2: Polen llega a Marreis
C3: Yaz
C4: Sandez
C5: Golpe de tuerca
C6: Chaparro

La luz caía como un hachazo en la cara de Polen transformando sus dulces rasgos en un rictus diabólico. Asustado, respondía sin entender nada las preguntas subversivas de Chaparro, quien daba vueltas alrededor de la mesa como si una marcha prusiana se escuchara en los parlantes.
Un asistente entró a la pequeña habitación y le entregó unos papeles al policía. Este no pudo disimular una expresión de molestia luego de leerlos y tras un largo escrutinio expresó:

-Muy bien. Los análisis forenses concluyen que la muerte de Galo Vermelho se produjo por una sobredosis de viagra y que, para su mala suerte, tenía un problema al corazón. Ahora debemos determinar por qué y con quién pretendía consumar una relación sexual en el sillón del hall si se encontraba en su lugar de trabajo. Pero usted no queda libre, señor Polen sin apellido. Su situación es de ilegal y lo lamento mucho, pero tendremos que encarcelarlo.
-¿"Encarce" qué?
-Tendremos que privarlo de su libertad y tendrá que vivir en una cárcel.
-¿Cárcel?
- Sí, cárcel -respondió seco Chaparro, sin darse cuenta que Polen no sabía lo que aquel lugar era.

Yaz y Ágata esperaban en la entrada de la comisaría. Sandez no había querido enfrentar el acoso de la prensa y los había enviado para averiguar la situación de Polen. Yaz se paseaba frenético de un extremo a otro sin hacer caso a los garabatos que su madre le profería para que se calmara.

-¡Tranquilízate pos chuchasumadre! Si al aweonao no lo van a meter en cana por no tener papeles, pos gil. Además el amermelao no lo mató. Ya escuchaste los trascendidos del ES-Q-P en la tele que decían que el Galo murió por califa. Venga para acá mi maricón de mierda, deje que su mami le de un abrazo... Tan sensible el chucheta que me salió.

Polen, flanqueado por dos policías y seguido por Chaparro, salió de la comisaría para recibir el enjambre de periodistas y flechazos de los reporteros gráficos. Yaz y Ágata apenas alcanzaron a decirle que lo sacarían y que no se preocupara porque lo irían a ver.

-Mañana iremos a visitarte, guatón. ¡Cuídate el culo en las duchas y no te acerques a los nazis y pregunta por "El Belmont"! -atinó a decirle Ágata en la batahola.

Yaz sólo lloraba y se despedía con el pañuelo lleno de mocos.
Capítulo Siguiente: C8: Quenác

viernes, 2 de diciembre de 2005

C6: Chaparro

Capítulos Anteriores:
C1: Polen
C2: Polen llega a Marreis
C3: Yaz
C4: Sandez
C5: Golpe de tuerca

- Muy bien, como no sabemos si es muerte natural o un asesinato tendremos que esperar los resultados de la autopsia, pero por mientras llegan los forenses quiero que se presenten y me digan que hacen en esta mansión -inquirió el inspector Lukas Chaparro dirigiéndose a Sandez, el dueño de casa, que vestía una bata celeste con sus iniciales bordadas en hilos de plata-. Como el occiso no puede hablar, le voy a pedir a usted que me diga cuál era el cargo de éste, señor García.
- Galo era el jefe de mis guardaespaldas- respondió Sandez, omitiendo que era su novio más reciente.
- ¿Y qué hacía el jefe de los guardaespaldas desnudo en el sillón del hall? -preguntó el inspector a Yaz que no aparentaba su nerviosismo dando saltitos como si tuviera ganas de ir al baño.
- Ayyyyy, ¿y por qué me pregunta a mí? -eludió Yaz la pregunta recordando que no había alcanzado con Polen a vestirlo cuando lo trasladaron de la cama de Sandez al lugar en que se encontraba ahora-. Sssupongo que ssse quedó dormido ahí o fue el lugar donde lo mataron...
- Aún no sabemos si lo mataron -corrigió Chaparro-. ¿Quién es usted?
- Mi nombre esss Yazzz Mingosss, sssoy la sssirv... el mayordomo de esta casa.
- ¿Y usted señorita?
- Pashmina Barassi, pero me dicen Pashi. Soy la novia de Sandez -dijo una mujer alta, pelirroja y muy blanca que vestía de lila y que por primera vez aparece en esta historia.
- ¿Por qué está usted vestida, bella dama?
- Es que me levanté muy temprano, antes que Sandy, y fui la que encontré el cuerpo -mintió la mujer, quien había llegado poco antes que el inspector, luego que Sandez la llamara para que hiciera de novia pantalla, como su contrato reza.
- Lindo vestido -acotó Chaparro después de darle un beso en la mano-. Mucho gusto. ¿Y usted, señora?
- ¿Yo? -preguntó la vieja con cara de joven pero cuello de tortuga-. Me llamo Ágata Culún, soy la mucama y mamá de Yaz Mingos.
- ¡Pero usted es blanca! -espetó el inspector sorprendido.
- Bah mierda, ¿que no se puede ahora adoptar, por la chucha?
- ¿Y usted? -apuntó, contrariado por los garabatos, a Polen.
- Soy..
- El es Polen, lo contratamos ayer como guardaespaldas -interrumpió Sandez.
- Le pregunté a él, no se meta.
- Soy Polen. No tengo apellido y es verdad, ayer me contrataron para hacer eso.
- ¿Por qué no tiene apellido?
- No lo sé. De donde vengo no los usamos.
- ¿De dónde viene?
- Soy de más allá del canal Farseen, pero vengo de Río Eterno.
- ¡Un alien! ¿Tiene pasaporte?
- ¿Qué es eso?
- Humm. Me temo que tendrá que acompañarnos.
- Claro, ¿dónde vamos?
- No se preocupe, nos tiene que acompañar a la comisaría para hacer algunas diligencias -ironizó Chaparro, y dirigiéndose a sus subalternos ordenó que cubrieran con una sábana el cuerpo de Galo porque era muy lamentable el espectáculo que ofrecía con su cuerpo inerte, excepto el pene que parecía haber acumulado toda la sangre antes de morir su dueño.
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viernes, 18 de noviembre de 2005

C5: Golpe de tuerca

Capítulos Anteriores:
C1: Polen
C2: Polen llega a Marreis
C3: Yaz
C4: Sandez

- ¡Te levantas, huevón de mierda! ¡Yaya-yaya-yá! ¡Arriba ese poto culiado de negro que son las diez de la mañana! ¡Tu amo quiere que le sirvas el desayuno! ¡Que tiene un castins! ¡Ya pues! ¡Tengo que hacer el aseo, mi negrito culiado! ¡Levántese!
Los gritos de está mujer despertaron a Polen y en un salto ya estaba de pie para abrir la puerta que asustado la noche anterior había dejado con pestillo.
-¿Y usted quién es?- le preguntó una mujer con una piel muy estirada en la cara pero con cuello arrugadísimo que delataba tal como su voz que era muy anciana pero con unas cuantas operaciones de lifting. Era lo más cercano a un humano tortuga que había visto en su vida. -¡Yaaaaaaaaz! ¿Quién es este hombre? ¿Alguna nueva conquista? ¿Ya te olvidaste de Roko, tu actor porno?- gritó la mujer quitándose a Polen del camino y entrando a su pieza. - ¿Dónde chucha estás, negro mío?- gritó hacia el baño.
-Está en la pieza de al lado -atinó a responder Polen que se sacaba las legañas de los ojos y se empezaba a desnudar para meterse al "estanque", sin importarle la presencia extraña de esta mujer.
-¿Qué haces, cabro de moledera?- le gritó la anciana tapándose los ojos. - Déjame que salga primero pues, ¡cabro de miéchica!- y desapareció cerrando la puerta.
Polen, sin saber que hacer, y después de esperar un rato sentado en su cama, entró al baño y descubrió a Yaz que estaba bajo lo que parecía una "cascada".
-¿Quieresss bañarte, Polen?
-¿Y el estanque?
-¿Qué essstanque?
-Donde me bañé ayer.
-Ahhh, essso esss una pissscina y esss para refressscarssse y nadar, no para lavarssse. Nosssotrosss nosss assseamos en esssto, que ssse llama "ducha".
-Ok. - y se metió al cubículo donde apenas quedaba espacio para su cuerpo estando Yaz adentro.
- ¡Pero Polen, essspera que termine de ducharme yo!- gritó Yaz tapando con su gran mano con uñas pintadas fucsia su minúsculo pene oscuro.
Polen saltó fuera antes que lo rasguñara y vio de sopetón su imagen reflejada en un gran espejo que cubría toda una pared del baño. Observó que estaba más delgado y barbón, con su piel morena despellejada. Con tantas cosas que le habían pasado en los últimos dos días intentó razonar haciendo un recuento pero sólo preguntas se le vinieron a la cabeza.
"¿Qué hago yo aquí? ¿Por qué esta gente grita tanto? ¿En qué momento se me ocurrió irme de Río Eterno? ¿Qué tendré que hacer como guardaespaldas? ¿Qué es un guardaespaldas, mejor dicho? ¿Existen espaldas que se sacan y se guardan en alguna parte? ¿Por qué la gente se asusta si me ve sin ropa?"
-Ya, ahora sssí puedesss entrar. -dijo Yaz mirando de reojo y con hambre el miembro de Polen. -Dessspuéss que lo hagasss vasss a la cocccina para que me ayudesss a preparar el desssayuno. Chaíto...
Después del baño, Polen se vistió con su mameluco verde, era la única prenda que tenía y apestaba, y fue a la cocina.
Yaz lloraba pero Polen no prestó atención, imaginó que nuevamente su nuevo amigo oscuro estaba recordando a su ex pareja, Roko, el actor porno. Jamás imaginó que Yaz le diría con un grito histérico:
-¡Galo essstá muerto!
Capítulo Siguiente: C6: Chaparro

viernes, 11 de noviembre de 2005

C4: Sandez

Capítulos Anteriores:
C1: Polen
C2: Polen llega a Marreis
C3: Yaz

Recordar a su madre le dio un poco de congoja, sentía que su niñez, dado el desarrollo actual de su vida, había sido un estado de tranquilidad y alegría despreocupada. Las mañanas de estudio con su madre, algo de estudio tiene, si tan brutito no es, y las tardes de juego con sus seis hermanos hombres, con excursiones tratando de llegar lo más lejos que podían sus piernas, eran pruebas irrefutables de lo feliz que había sido su niñez.
Cuando se cansó de mirar y de recordar, salió por un enorme ventanal a un parque trasero y vio un gran "estanque". Pensó en lo sucio que estaba su cuerpo después de tantos días sin bañarse en algún río. El perfume de arándano y zarzaparrilla ya no era capaz de ocultar su hedor. Se sacó toda la ropa. Desnudo empezó a refregarse por el cuerpo unas hojas de tomillo y en la cabeza molió unas hojas de lavanda que encontró cerca de este gran "estanque". Ya terminaba su labor cuando un hombre alto, pelo color madera, ojos greda clara y pantaloncillos cortos celestes cruzó su mirada sorprendida con la despreocupada de él.

-¡Galo, lo encontré! Está en la piscina, desnudo. Parece que no han limpiado la piscina porque está llena de hojas y un poco sucia. ¿No le dijiste a Yaz que lo hiciera? Está bastante potable tu amiguito, eh, ¿cómo dijiste que se llamaba?
- Me llamo Polen.
- Hola, yo soy Sandez. Toma, te presto mi toalla, voy a buscar otra - le dijo pasándole la prenda que traía en las manos.


Polen tomó la toalla, mientras Sandez se alejaba. No supo que hacer con ese género, siempre se había secado al sol, lo que lo hacía mantener su piel constantemente bronceada y con la piel despellejada. La dejó a un lado y se tendió en el pasto, boca arriba. No se dio cuenta que tras el ventanal polarizado dos hombres lo observaban.

-¿Vissste el tamaño? - preguntó con una cara de hambre sexual Yaz.
-Él es precioso, hasta puede ser un modelo de Honcho si baja esos kilotes de más y desarrolla músculos en un gimnasio. Mira esa piel bronceada, hay que echarle un poco de crema y esa piel se recompone. Un corte de pelo, una limpieza de cutis facial y listo -respondió Galo, relamiéndose los bigotes que no tenía.
-Por supuesto que me fijé en el tamaño, si me encuentro de sopetón con él, completamente desnudo, no tuve otra alternativa que fijarme en el tamaño. –agregó Sandez que volvía con otra toalla.
-¿Qué hacccemosss ahora? -cuestionó Yaz.
-Anda a buscar ropa mía y se la ofreces, ya no soporto más verlo desnudo, estás peligrando, Galito –broméo Sandez.
-¡Pesado! Haz lo que dice Sandy, Yaz. Rápido, que estoy que salgo a verlo más de cerca...

Luego que Sandez se tomó un baño en la piscina la cena fue servida. Yaz estaba tan nervioso que saló mucho el arroz y el pollo le quedó seco. No hubo palabras en la cena hasta que el postre fue servido y Sandez habló para decir que Polen podía dormir en la otra pieza de sirvientes si quería trabajar con él. Polen aceptó dichoso de haber encontrado trabajo tan rápidamente y Yaz lo llevó gustoso a la pieza contigua a la suya. Compartían baño y las piezas eran bastante cómodas, con televisor y todo. Polen durmió tanto como el oso que era. Yaz nervioso por el oso de la pieza de al lado apenas pegó pestaña.
Capítulo Siguiente:C5: Golpe de tuerca

viernes, 4 de noviembre de 2005

C3: Yaz

Capítulos anteriores:

-¿Puedesss creerlo? No logro comprendersss cómo pudo hacccerme esssto, yo lo hiccce todo por él, salí del closetsss por él ante misss progenitoresss, misss parientesss másss cercanosss. ¿Cómo pudo hacccerme esssto? Yo le fui fiel. Pude ssserle infiel todasss essstass vecccesss, con Pedro, Juan y Diego... y Fulanita también, porque también me gustan las tetas ¿te gustan las tetas? ¿Sí? redonditasss y no muy grandes, ¿no ccccierto? No sssé que lesss dio ahora por ponerssse pesticona a lasss tontasss, ajjj, parecccen globosss... ¿Cómo pude ssser tan tonto?!!!! Me tienen aburrido estos frenillosss, hablo con puras esssssses, que horror! ¿me perdonassss? ¿Cómo te llamas, guapo?
- Po, po, Polen...
- Oh, jesssússs, no me digasss que nunca habíasss vissto un negro bisssecsssual como yo. ¿Ni sssiquiera un negrito? Pobrecccito, que impresssión, no? Ressspira profundo y pide tresss dessseosss. Me llamo Yazzz Mingosss, mucho gusssto...
Y rió estentóreamente asustándolo aún más. Pero bastó una hora de conversación cuando ya eran grandes amigos y cada uno se conocía al revés y al derecho. Hasta comentaban el tamaño del pene del ex novio de Yaz que veían en la película porno. Polen sintió que lo conocía de toda la vida, que todo lo que salía de su boca era muy entretenido, lo sintió tan cercano que si aquel negro no muy lindo, de pelo teñido damasco y frenillos de colores de improviso lo besaba en la boca no se hubiese sentido ofendido y lo habría tomado como otra broma más de un hermano. Después de beber una copa de vino de cosecha tardía que jamás había probado y que le gustó mucho, Yaz se excusó de no seguir acompañándolo porque tenía que ir a la cocina a terminar la cena, pronto llegaría "amo" Sandy.
-¡No creasss que sssoy sssu esssclavo tanzzzanésss, lo digo para molessstarlo!
Y se fue, dejando que la puerta de ambos sentidos de su cocina se agitara. Polen esperó a que parara de hacerlo y se puso de pie para observar más detenidamente el gran hall de ingreso, sus cuadros eróticos (gays, por cierto) y el resto de la sala de estar con piso de piedra dura y negra, los miles de objetos multicolores, todo le pareció muy extraño y pensó que así deben haber sido las casas que su madre Lisboa soñaba conocer algún día mientras leía esas revistas de artistas de televisión.
Capítulo Siguiente: C4: Sandez

viernes, 28 de octubre de 2005

C2: Polen llega a Marreis

Capitulo Anterior: C1: Polen

Polen nunca había sabido de dos hombres que fueran novios, entre sí, digamos. En la isla donde nació había cuatro familias separadas por 100 kilómetros de distancia y en su familia nunca se habló del tema. Hacía cuatro meses que lo habían casado con Tupí, hacía dos semanas que había escapado de Río Eterno, una semana que había cruzado el canal de Farseen y llevaba tres días sin comer, luego de que se le acabaran las latas de perdices que robó a su suegra.
-¿Tienes algo de comer?
- En el refrigerador hay fruta, sírvete lo que quieras. ¿Cómo te llamas?
- Polen.
-¡Polen! Lindo nombre, muy original. Galo Vermelho, encantado de conocerte.
- Igualmente. Y se apretaron las manos.
Ambos sintieron algo especial. Polen le dio un poco de temor, Galo era un hombre que le gustaban los hombres y él era un hombre. Galo experimentó sentimientos encontrados, pensó que podía ser el inicio de una gran amistad o de una competencia en la que iba a perder.
"Es un chico hermoso, me gusta su cuerpo enorme, puede servir como guardaespaldas. Pero esa ropa, dios, es muy campestre. El sombrero de paja está bien, le da cierta personalidad y le enmarca bien los rasgos duros de la cara, sus enormes ojos azules se la suavizan. Pero ese mameluco de jeans verde, todo sucio, es too much. A Sandez no le va a gustar. Sandy es muy exigente y el exterior va a ser muy agreste para soportarlo, pero el interior tiene posibilidades de agradar, lo brusco e ingenuo es algo que siempre le ha caído bien."

El vehículo se detuvo y Polen despertó. Tenía la cabeza apoyada en Galo y eso lo avergonzó pero no supo que decir para salir de la incomodidad.
-¿Dónde estamos?- se adelantó Galo. Estamos en Alto Marréis, esta es la mansión de Sandy. ¿Quieres conocerlo? Te conseguiré trabajo como guardaespaldas. ¿Qué te parece?- agregó sin darle mucho tiempo para pensar.
Galo desapareció tras una puerta y Polen se encontró sentado, sin aún haber dado respuesta, en un banco de madera pintado de muchos colores rodeado por objetos de muchos colores, mirando una gran pantalla plasma que transmitía una película pornográfica. Un hombre de piel "muy oscura" observaba con tristeza y detenía el disco cuando hacían un primer plano de uno de los hombres que tenían sexo en una playa. A veces no aguantaba y lloraba escandalosamente diciéndole garabatos al hombre de la pantalla.
Capítulo Siguiente: C3: Yaz

viernes, 21 de octubre de 2005

C1: Polen

Aquí comienza el folletín por entrega de los días viernes.

En la carretera de Lunafrita el asfalto cocía todo lo que se pusiera encima y aquel oso moreno que se protegía bajo una lenga, aunque más bien parecía que la lenga se protegía con él, y se oreaba agitando su gorro de paja, ya llevaba toda la mañana haciendo dedo a los pocos autos que osaban pasar por esta vía.
El se llamaba Polen y no era raro ver abejas revoloteando su macizo cuerpo atraídas por su perfume de arándanos y zarzaparrilla que el mismo preparaba todos los veranos, allá en Río Eterno, la granja de su ahora ex suegra.
La recolección de frutos silvestres la llevaba a cabo todas las mañanas bordeando el río. A veces lograba llenar tres bolsas y cuando su gran cuerpo se lo impedía, sólo dos. Le gustaba hacerlo, así la mañana pasaba más rápido y no se acordaba del suegro que lo despertaba todas las mañanas con su voz de pájaro mecánico obligándolo a despertarse a las cinco para preparar el desayuno de las mujeres que tempranísimo iban a hacer las labores del campo. Estas consistían en ordeñar las cabras, cazar camarones y abrir los canales para regar las plantaciones de tulipanes, y también las operaciones anexas de todo esto como la producción del queso (de las cabras), el enlatado (de los camarones) y la refrigeración y posterior envío de las flores.

"Pero no me gustaba hacer el desayuno, ir de compras, mantener la casa limpia y todas esas cosas. Me gustaba caminar alrededor del río y recolectar frutos para mi perfume."
"Era un muchacho muy extraño, andaba como en el aire, siempre pensando quizás qué cosas. Apenas me ayudaba a poner la mesa y arrancaba por el campo y no lo volvía a ver hasta el almuerzo."
"Sí, era extraño. Pero yo estaba enamorada y conque me esperara en las noches para conversar y luego, bueno, tu sabes... Yo estaba contenta, todavía no sé por qué se fue. Su cuerpo grande y moreno, sus enormes ojos azules, él era todo lo que una mujer podría desear en un hombre. Y bueno, tu sabes, eso también era maravilloso..."
Polen ya llevaba tres horas bajo ese sol de Lunafrita cuando una limosina se detuvo. No era raro ver limosinas en esa carretera, ya llevaban dos semanas en huelga los aviones de Piña a Marréis y los artistas no tenían otra alternativa que tomar esa carretera para llegar a los Estudios de Nutrí, al otro lado de la península.
Una de las puertas traseras se abrió y un hombre muy atractivo le pidió que se subiera.
-¿Dónde vas?.- Le dijo, ofreciéndole un vaso de jugo de mango que sacó de un pequeño refrigerador.
- Esta carretera sólo me lleva a Marréis y para allá voy. ¿Eres un artista de Cine? -Preguntó Polen, observando el corazón de plata que colgaba de su cuello.
-No.- Dijo riéndose.- Soy el novio de Sandez García, el nuevo galán de las películas de Marréis.
- Qué bien... - Atinó a responder Polen, muy sorprendido.
Capítulo Siguiente: C2: Polen llega a Marreis

viernes, 9 de septiembre de 2005

Linda Green Eyes III (The End)

El té transcurría tranquilo en casa de Gracia. Todo era muy agradable, los recuerdos de la niñez y la música de Haendel en el tocadiscos: "Tu preparati a morire" y la voz de Linda cantando, encima de la diva original, la fracesita esa: prepárate a morir, prepárate a morir. Pensé al principio que era un canto subliminal dirigido a mí, pero después me di cuenta que no era eso, la frase iba dirigida a otro hombre quizás o sería para sí misma. Le dije:
- Dices esa frase como si te fuera a ocurrir a tí.
- Es muy posible. ¿Usted viene en búsqueda de su Linda Green Eyes?
Quedé perplejo y caí en cuenta de que era verdad. Gracia me miró y dijo:
- Es muy posible.
Y nos reímos a carcajadas que sólo fueron calladas por los gritos afuera y la gente saliendo de sus casas a mirar lo que ocurría y Linda sonriendo con una risa diabólica. Al principio pensé que podía ser un atentado en mi contra y que mis hombres estaban luchando afuera con los terroristas, me asusté y me metí a una habitación. Era la habitación de Linda, estaba empapelada de pósters míos de cuando era más joven y recortes de revistas actuales. Salí rápidamente, no es agradable verse en todas las paredes. Gracia me contó que eran dos pescadores que remaban insultándose y amenazándose de muerte el uno al otro a unos 100 metros de la playa, mar adentro.
Salí a ver. Linda estaba en el muelle, se reía y cantaba Linda Green Eyes lo más alto que podía, como queriendo ser escuchada por los pescadores. Lo logró en el preciso instante que uno de ellos alcanzaba al otro y se subía al bote con un cuchillo en la boca. Ambos se quedaron estáticos al escuchar el canto de Linda.
Al parecer eso los calmó y para ayudar a Linda la acompañé cantando lo más alto que podía, esa canción que ya volvía a gustarme. Pronto todo el pueblo empezó a cantar Linda Green Eyes y ambos muchachos del bote dejaron de llorar, se rieron, dejaron de insultarse y para sorpresa de todos en el pueblo se dieron un beso en la boca, se abrazaron y desaparecieron de nuestras vistas acostándose en el bote. Linda lloró.


Querido Carlos,
Sé lo que a ambos les pasa, el por qué yo no les intereso. Soy Linda Green Eyes, la más hermosa del pueblo y ustedes los más apuestos pero no se interesan en mí. Todo el pueblo sabrá por qué yo no les gusto. Al comienzo tu amigo Juan cayó rendido a mis pies, me hizo el amor, ¿sabías?. Ahora lo sabes, ¿qué vas a hacer con eso? Tienes dos opciones, Carlos, matarte o matarlo. Tal vez hay otra opción: matarme.
Juan no es como tú, él no te quiere. Yo si lo hago, te amo, Carlos. Deja de pensar en Juan, no te corresponde, no te quiere, yo te correspondo, yo soy para tí.
Le he contado a Juan lo que pretendes con él y está furioso, si no lo matas, él te matará a ti. O todo el pueblo sabrá lo que eres. Yo te amo, Carlos, vámonos de aquí y dejemos este pueblo horrible, aprenderás a amarme, vámonos...
Te amo,
Linda



Linda Green Eyes

Walking on the beach
trying to discover
a light who can give me
the eyes of Linda
People on the streets
trying to discover
a light who can give them
the eyes of Linda
Linda Green Eyes
look up in the sky
the tears of the world
white as an open letter
black hair as the darkness of mind
but green eyes who can give us
the light



El refrán tiene razón, pienso. No todo lo que brilla es oro.

jueves, 8 de septiembre de 2005

Linda Green Eyes II

Los guardaespaldas se alejan y deciden ir a la cantina en que estuvieron hace un rato.
Sean, un joven rubio, alto y fuerte, ¿por algo es guardaespaldas o no?, decide no acompañarlos y se dirige a un faro al final de la playa.
¿Qué diablos hago aquí? Lo sé, me gusta Peter Sibelius, ha sido mi ídolo desde la adolescencia. ¿Pero vale la pena trabajar para él si haciéndolo no puedo hacer lo que más me gusta? ¿Y qué es lo que más me gusta en todo caso? Quizás es un mal día, los días nublados me deprimen, el mar me deprime, las olas me deprimen y los faros me deprimen, pero igual me dirijo a éste y busco algo que no encuentro y ni siquiera sé qué es.
El faro parece abandonado, la puerta está abierta y se anima a entrar, sube por las escaleras hasta donde están los focos que orientan a los navegantes y ahí se queda un buen rato mirando el mar, pensando en su vida y en lo que quiere, sin saber muy bien qué es lo que quiere.
De pronto un joven entra en la habitación redonda por el hoyo del suelo redondo del piso redondo del faro redondo de este mundo redondo y no se da cuenta que Sean está allí, al otro lado de los focos.
Y se pone a observar por las ventanas redondas de la pared redonda al exterior redondo que lo envuelve. Mira el mar en la dirección opuesta a la de Sean y se pone a llorar sin saber que lo escuchan, tiene una carta en las manos. Sean se da cuenta, al principio cree que es una mujer, le parece llanto de mujer, quizás nunca ha escuchado a un hombre llorar. Lo oye decir palabras en el idioma del país, pero no las entiende. Quiere irse sin que el hombre lo vea pero no puede hacerlo sin que éste se de cuenta, el camino obligado es pasar por su lado. Decide esperar un poco, pero de pronto aparece otro hombre llorando que se pone a gritarle cosas al primer hombre. Alcanza a entender el nombre Linda y el segundo hombre golpea con las manos abiertas en el pecho del primero. La carta cae al suelo pero ninguno se da cuenta, sólo Sean. El segundo hombre se va corriendo escaleras abajo, el primero le persigue y Sean toma la carta en sus manos, la lee y sonríe, ve desde arriba como ambos corren por la playa en dirección a la caleta de pescadores.
En el muelle el segundo hombre toma un bote a remos y se dirige al horizonte. El primer hombre toma otro bote y rema persiguiéndolo. Todo el pueblo sale a ver a los hombres que se gritan improperios desesperados de un bote al otro. Sean ahora entiende todo al leer la carta, entiende el idioma escrito, lo que le cuesta es entenderlo oralmente. No deben haber muchas Lindas en el pueblo. Es fácil concluir que la causa de esto que acaba de ocurrir es Linda Raíces, la nieta de la amiga de Peter Sibelius. Ahora Sean es el que corre tras ellos, ya sabe lo que quiere hacer en esta vida, quiere ser sicólogo y ayudar a la gente con estos "problemas".

martes, 6 de septiembre de 2005

(Nothing) exist

Del siglo pasado, para ser más exactos de 1996. Dedicado -con sólo una modificación- a Sombrita y Pedro, que volvieron.

Sentado bajo el árbol que da menos sombra, con el verde dominado por florcitas silvestres, algunas aplastadas por mi cuerpo.
Me duelen las palabras, me angustia mi silencio, me falta un mecanismo o me falta algo que decir, una de dos. Dicen que mi generación no tiene discurso, a lo mejor es verdad.
El Sol y las Sombras me molestan. Todo tiene que ser Sol y Sombras, quiero puro Sol, quiero sólo Sombras, ambas cosas no, sepárenmelas.
He encontrado dos frutos en el suelo. Uno es mayor. Son circulares. Los tallos confluyen en uno corto y más grueso. Cada fruto tiene sus puntos que son otros círculos.
Uno de los frutos, el menor, se ha desprendido con su tallo. El otro continúa en mis manos.
Una hoja de árbol cayó a mi lado. He soltado el fruto.
Todo lo que pienso lo dejo inconcluso. No alcanzo a concretar lo que pienso cuando ya estoy pensando en otra cosa.
Una paloma se acerca y se aleja, la miro de reojo, se fue...
No existe el sentido. No existe el lenguaje. Nada existe si no se sabe por qué existe.
Los símbolos han perdido su significado. Su significado tampoco tenía sentido. Porque nada existe...
Lo que he escrito tampoco existe porque no tiene razón de existir. Quizás el escribir sobre esto le da algún motivo de existencia y este texto sí existe y está vivo y yo también y el que lo lee y el que lo analiza y se cabecea por entenderlo y...
He aplastado una hormiga con dos de mis dedos. He aplastado a otro ser que aplastaba a otro ser que aplastaba a otro ser que aplastaba a otro ser que aplastaba a otro ser que me aplastaba cuando yo aplastaba a otro ser que aplastaba a otro ser que aplastaba a otro ser que aplastaba a otro ser que aplastaba a otro ser que aplastaba...
Me encuentro en lo alto. Había cerrado mi cuaderno y me había trasladado. Había caminado varios metros, subido varios pisos en ascensor. Había pasado harto rato. Había abierto mi cuaderno, me había puesto a pensar en que cresta de tiempo verbal escribir lo que escribiría y había vuelto a encontrar una hormiga, esta vez viva, caminando en la hoja. Todo esto lo vi en centésimas de segundo y en milésimas de segundo, involuntariamente, desde lo alto, la he aplastado. He dado vuelta la hoja y ella la ha aplastado. La hoja aplastó a la hormiga. El texto puede matar.
Miro desde lo alto. Doy sombra a otras cosas, por ejemplo al árbol que antes me daba sombra a mí. Otras cosas de mi tamaño se ven menores, mucho menores. Se agarran con los ojos y con las garras.
No existen cosas menores. No existe la sombra. Nada existe.
El suelo que piso tiene un diseño de círculos. Los círculos no son círculos, son rayas que no son rayas, son puntos que no son puntos, son círculos y no son nada y son nada.
No quiero moverme pero un dolor estomacal hace que me mueva: úlcera duodenal por culpa de los demás, los únicos culpables de que me mueva.
Me siento mirado, ¿por qué me miras?, pregúntatelo, ¿es acaso porque a ti te miran? ¿por qué lees esto? ¡dímelo!
Nunca estoy. Nunca soy. Nunca existo. Siempre soy otro.
Miro hacia abajo por última vez. Se ve tu sombra leyendo la pantalla. Has terminado de leer.

jueves, 4 de agosto de 2005

Dual carriageway

Entonces yo le dije que no, porque no es posible que las ruedas sean cuadradas, y él insistía que sí, que la lluvia no moja. Así que lo mandé a la cresta, porque a estas alturas de mi vida no estoy para asentirle en todo a cualquier persona y calabaza calabaza no más, cada uno se fue para su casa y hacía tres semanas que no sabía nada de él. Pero anoche, anoche my friend, él me llamó. Sí, te lo juro y yo estaba justo con mi papá de visita en la casa. Había venido del sur a hacer unos trámites y se estaba quedando en la pieza de visitas, y yo estaba conversando con él y haciéndole comida. Porque tu sabes como es mi papá, no puede hacer ni tostadas porque provoca incendios, así que ahí estaba yo, preparando una paella, de las congeladas. Claro, son lo mejor que hay. Tu la sacas de la bolsa en que viene y se pone a freír y en siete minutitos ya está lista. Pero claro, yo estaba justo en esos siete minutitos con la tontera y mi papá metido en la cocina conversándome y estorbando porque para eso es lo único que sirve un papá en la cocina, cuando el Pedro me llama. Típico y yo dele revolviendo la tontera y el Pedro diciéndome que nos juntáramos en una hora porque tenía algo que contarme muy importante. Claro, si siempre él tiene algo importante que decirme cuando yo estoy haciendo una paella con mi papá dando vueltas. Y yo, claro que le dije que sí y a la hora toca el timbre. Por suerte ya habíamos terminado de comer y mi papá ya se había ido para su pieza a ver las noticias. Porque no hay cosa en la vida que pueda dejar de hacer que ver las noticias de la noche. Aunque no haya pasado nada en Chile y estén con puras noticias de agenda, él a las nueve de la noche se clava a ver las noticias. Siempre el mismo canal. ¿Pero de qué te estaba hablando yo? De Pedro, sí. Pedro apareció a la hora clavada en que dijo. Porque cuando se trata de venir a mi departamento él es lo más puntual del mundo pero cuando es cosa de juntarnos en la calle me deja esperando media hora y siempre tiene una excusa irrefutable. Y claro, ahí estaba en la puerta con su sonrisa que me enerva y me resulta irresistible al mismo tiempo y una barba de tres días que después supe por qué la tenía. Y lo hago pasar, tomar asiento y se larga a llorar. Que patético me dirás tú, pero a mi me pareció tan lindo y tan sincero cuando me dijo con lágrimas en los ojos que no quería pelear más conmigo o que sí, que quería hacerlo siempre. Hasta que fuéramos viejos y nos acompañáramos al médico por los achaques de la tercera edad, pero que no nos enojáramos por eso y que la lluvia sí moja y que las ruedas sí son redondas y que quería sentir la lluvia conmigo. No me digas que es cursi, pesado, porque si lo hubieras visto no dirías lo mismo. Y ser la rueda que me lleve. No, está claro, si un Neruda no es el gil, pero hace el intento. Entonces yo le dije que tenía que pensar las cosas, que mejor nos juntábamos en una semana. Después pensé que era mucho tiempo y que debería haberle dicho tres días, máximo, porque no era tanto lo que tenía que pensar, pero bueno, le dije una semana.

Me dijo que iba a pensar las cosas. Una semana dijo. No le veo cara de buen término a esto, es mucho tiempo. Mañana se cumple el plazo. No sé, no creo. Es que el Pato cuando se pone a pensar mucho termina por encontrarle más contras que pros a las cosas y se echa para atrás. En fin, vamos a ver que pasa. Pero estoy nervioso, que quieres que le haga, si me gusta el Pato, en serio. El Pato es un tipo excepcional, yo lo admiro. No sé cómo puede llevar su casa, el trabajo y hacer mil cosas a la vez. Es que él es como para comercial del Líder, en serio. Él es mi Líder, jajaja. No, hablando en serio, el Pato es el hombre preciso, el que uno quiere que sea tu amante y compañero. Pucha, que quieres que le haga, si sé que me pongo cursi. Pero ya estoy viejo, uno a esta edad como que piensa más. Se da cuenta de cuáles son las tonteras y cuáles son las cosas importantes en la vida. Uno ya se ha tropezado mil veces y sabe donde están las piedras, los hoyos. Habría que ser muy tonto para no conocer de punta a cabo el camino cuando ya has hecho mil veces el raid en tu 4x4 por esa huella desastrosa, tu me entiendes. Puede que de repente te olvides de algo pero cada vez te olvidas menos. Y el Pato es un camino conocido, no es que me haya resignado a él y tome el camino más fácil, no me entiendas mal. Lo que quiero decir es que el camino, aunque sea pedregoso, me gusta y me gustan sus baches, los ríos profundos que lo cruzan, los árboles y paisajes que puedo ver cuando lo recorro. El camino tiene sus mañas y recovecos, quizás tiene sus atajos que aún no conozco y que pueden hacer más rápido el recorrido. Yo quiero conocer esas mañas, aprender a llevarlas de la mejor manera. Quiero abrir la ventana y oler el humo de los rozes agrícolas. Ya, no seas pesado, no se puede hablar contigo, todo lo tomas para la risa. Sí, tengo que esperar.